El Sueño en los Niños
Nadie discute que la salud es un componente fundamental en nuestra calidad de vida. Lo que quizá menos personas saben es el impacto que los trastornos del ritmo sueño-vigilia tienen sobre la salud. Se puede estar muchos días sin ingerir alimentos, hasta incluso tres semanas, pero unos pocos días sin dormir pueden alterar la personalidad del individuo hasta el extremo de convertirlo, a ojos de sus seres más queridos, en casi un desconocido.
El sueño ha sido desde hace siglos objeto de atención de los científicos, pero es en las últimas décadas cuando se efectúan investigaciones epidemiológicas que demuestran que los trastornos del sueño son muy comunes. Todos los estudios coinciden en que los trastornos del sueño aumentan conforme lo hace la edad. Los porcentajes de prevalencia son elevados. Uno de cada cuatro hombres adultos y una de cada tres mujeres padecen anomalías en el sueño. También se sabe que con la edad, y especialmente entre las mujeres, aumenta el consumo de psicofármacos para dormir. Se estima que hoy el 7% de los españoles adultos toman habitualmente píldoras para poder conciliar el sueño. .
A pesar de que casi uno de cada tres bebés y niños padecen alteraciones del sueño, no hay investigaciones concluyentes al respecto. Se suele decir que mientras el adulto no puede dormir a pesar de que lo desea, el niño no quiere aunque puede. Pero esta sentencia es poco más que un tópico, a pesar de que muchos niños “utilizan” los minutos previos al sueño como medio para conseguir que se les dispense más atención, caricias, protección y cercanía física, o para conseguir regalos o ventajas de cualquier tipo.
Curiosamente, hasta hace poco se entendía normal que los niños durmieran mal, debido a su carácter más inquieto y excitable. La realidad es que los niños sufren de insomnio igual que los adultos. Y que, en la mayoría de los casos, esta dificultad para dormir se debe a hábitos adquiridos desde la infancia. Según los especialistas, el trastorno más frecuente del sueño entre niños es el insomnio por costumbres incorrectas, que afecta desde a lactantes hasta a niños de 5 ó 6 años.
Son niños que -según sus padres- a los que “les cuesta coger el sueño”, que nunca han dormido bien y que se despiertan a menudo. A veces, estos problemas surgen a raíz de una enfermedad, o de un cambio drástico en las costumbres familiares, o debido a la presencia en casa de abuelos u otros parientes. A muchos niños les cuesta conciliar el sueño si permanecen solos en su habitación. Requieren la presencia de un adulto y se despiertan por la noche para comprobar si continúan acompañados. Exigen, sin duda más protección de la debida. Y de la aconsejable. Las consultas de psicólogos y psiquiatras están llenas de adultos sobreprotegidos por sus (normalmente) madres en la infancia y adolescencia. Que, ya en plena madurez biológica, presentan serios problemas: una baja autoestima, depresiones, incapacidad para la toma de decisiones importantes, crisis de identidad, descontrol de la afectividad, problemas de personalidad, …
Algunos padres planifican estrategias muy elaboradas para conseguir que los niños duerman como es debido. Pero es frecuente que fracasen y desistan de su empeño. Esta negativa del niño a dormir puede durar una temporada, lo que sería admisible. Pero si persiste en su actitud puede originar un problema en la estructura de su sueño: si no duerme las horas necesarias, se puede convertir en una persona muy irritable y pueden manifestarse trastornos en su conducta. Esta tensión altera, además, la dinámica familiar y agota a los padres.
Conviene saber que, una vez instaurado este trastorno en el niño, el único método efectivo es la reeducación de hábitos con técnicas conductuales. Por ello, hay que evitar las conductas que distorsionan las circunstancias en las que se debe conciliar el sueño. No son pocos los niños que prefieren ceder al sueño frente al televisor, ni los que exigen que se les cante antes de dormir, o que se les narren cuentos uno detrás de otro. También los hay que piden agua varias veces, o que exigen dormir con los padres metidos en su cama, con luz, o con música, … Si son hechos aislados, no tienen trascendencia. Pero cuando se repiten día tras día hay que preocuparse un poco.
Mas información en Consumer.es Revista EROSKI